lunes, 26 de septiembre de 2011

Agónico Predecible Crónico

Aquí me tienes, anclado.

Cuarenta campanas resuenan

entre alma y esternón.


Arden mis ojos,

expuestos al infinito.


Calcinados, cegados,

dibujan tu silueta

con retazos de horizonte.


Los minutos se deslizan,

caen, sin dar tregua.


Sonando está nuestra hora...

y cantan los ruiseñores

infundiéndome su fuerza

en bajamar:


"No des la vuelta, tú quieto,

no te marches todavía,

también siente ella la llamada

del amor agonizante

en su ventana".


Y aquí me tienes, anclado.

Y arden mis ojos.

Y los minutos se deslizan.

Y suena ya nuestra hora

y cantan los ruiseñores...


Ven pronto o seré cambiado

por una estatua de sal.



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